Siempre me ha despertado gran interés la vida monástica, porque desde joven he tenido especial respeto y admiración por las personas cuyos votos de renuncias autoimpuestas han sido dedicadas a la búsqueda de Dios y la espiritualidad personal. Me recuerdan a aquel asceta llamado Juan el Bautista. El testimonio de las sagradas escrituras dice “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado». Porque este Juan es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, cuando dijo: «Voz del que clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor, hagan derechas Sus sendas”». Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre. Entonces Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán, acudían a él, y confesando sus pecados, eran bautizados por Juan en el río Jordán” Evangelio de San Mateo 3:1-6 (NBLA) Aunque en ti...