12 de mayo de 2011

Las 7 bienaventuranzas de Apocalipsis (2a)

“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”. Apocalipsis 14:13

Bienaventurados los muertos, ¡Qué declaración! ¡Qué Palabras!

Esta expresión, a diferencia del pensamiento común de que la muerte es una gran desgracia, es una característica de la cosmovisión  cristiana, ver la muerte como algo positivo y no negativo. Ver la muerte como un paso más en el camino de la vida. Mirarla aún como un simple obstáculo que nos impide una eternidad con Dios, un obstáculo que al final de la vida será sorteado con éxito.

Por supuesto que la muerte es una bendición, pero esta bienaventuranza es solo es a favor de los que han creído, los que “…mueren en el Señor…”; desgraciado es el que muere sin Cristo, pero bienaventurado es el que muere con Él.

Cristo y una esperanza anclada en su obra en la cruz es lo que hace la diferencia entre el desconsuelo de la muerte y el canto de victoria y de triunfo sobre ella.

Pudiera ser que estas palabras también contenían un consuelo extra para los que morirían en esos tiempos, las palabras “…de aquí en adelante…” pudieran hacer referencia a los tiempos de tribulación que viviría la iglesia por los siguientes 200 años después de este mensaje del apóstol Juan. Como iba él a imaginarse que también traerían consuelo aún a los creyentes que 2,000 años después, al enfrentar la persecución, la cárcel y la muerte, la encararían llenos de gozo confiando en estas palabras inspiradas por el Espíritu Santo en la pequeña isla de Patmos.

¿Quién es el que dice estas palabras? Es el Espíritu Santo; Él es el que dice que los que mueren en el Señor son dichosos, y la historia de la iglesia lo ha comprobado siempre así. Desde los mártires de la fe en los primeros siglos, hasta los que sufren por causa del evangelio en nuestros días; a lo largo de los siglos sus corazones se han llenado de dicha, aún los deudos, cuando saben que la persona que ha partido descansa en Cristo; esas personas, son personas dichosas.

La muerte es el momento del descanso, sus trabajos han cesado. Probablemente estos “trabajos” hagan referencia a sus sufrimientos en la fe. Pero también podríamos hablar de sus obras y el apóstol asegura que les acompañan; esto me hace pensar que lo que hacemos en vida por nuestro Señor, cada cosa que hemos sembrado, cada cosa que hemos dicho, cada consuelo, cada oración, cada vez que compartimos el evangelio, cada obra que hicimos en su nombre; no ha sido en vano, porque estas continuarán aún después de la muerte. 


No sé qué es lo que vamos a estar haciendo en la otra vida, pero algo si es seguro, habrá una sensación de descanso, una paz que sobrepasará todo entendimiento. Finalmente estaremos con nuestro Señor.

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